Laura Norman

Una sesión de reflexología es mucho más que trabajar el pie. Cuando dos personas la practican, los beneficios que se obtienen son mutuos, tanto para el receptor como para el práctico, pues el circuito de energía que se crea les enriquece a ambos, tanto a nivel físico como emocional, mental y espiritual.

Trabajar el pie de una persona es tan beneficioso para quien da la reflexología como para quien la recibe. Dentro de un día ajetreado la sesión de reflexología es un momento muy especial, una porción de tiempo que le permite, tanto a usted como a su receptor, contemplar el futuro con mayor ilusión.

La reflexología es un método garantizado para la relajación del cuerpo que serena la mente y reenergiza y equilibra los sistemas biológicos de los cuales depende nuestra salud. La reflexología puede llegar a convertirse en nuestras vidas en el antídoto del stress y neutralizar e incluso prevenir los insidiosos efectos del mismo: los dolores de cabeza, la hipertensión, los resfriados, la fatiga visual, la indigestión, los dolores de espalda, y otras afecciones menores que nos azotan como una plaga.

La reflexología ayuda a la gente a ser menos irritable y más dúctil en el ejercicio de su trabajo. Con la reflexología usted desarrollará cada vez más una actitud vital basada en el vivir y dejar vivir. En una palabra, la reflexología le hace ser mucho más tolerante.

Uno de los principales beneficios para los empleados de oficina, ejecutivos, y estudiantes, es el nuevo tipo de energía que sienten inmediatamente después de una gratificante sesión de reflexología.

Una alumna me contaba que su marido médico de un importante hospital de Santiago y con su consulta en las tardes, siempre llegaba muy de noche a la casa. Desde que ella empezó a hacerle reflexología, llega todos los días temprano.